Thursday, May 7, 2009

Abuso de las tarjetas de crédito

            Algunos grupos financieros y organizaciones empresariales siguen cometiendo atropellos contra la población.  Les importó poco desbaratar la economía del país, desnudarla y dejarla agonizando en medio del calvario de una recesión histórica que dejó a millones de personas desempleadas.

            Es ya un hecho comprobado que muchas empresas financieras inescrupulosas alteraron las tasas de interés de tarjetas de crédito arbitrariamente sin dar una notificación previa, sin ofrecer un esclarecimiento razonable, ni el motivo por el cual están incrementando –hasta más del 100% en algunos casos— las tasas de interés (APR).

Semanas atrás, el presidente Barack Obama trató de limar algunas asperezas con los máximos dirigentes de este sector en torno a los abusos de tarjetas.  Sin embargo, la mayoría hizo caso omiso de sus críticas.

Lo que les dijo el Presidente les entró por un oído y les salió por el otro inmediatamente.  No hicieron los cambios que prometieron, a pesar de que nosotros, los contribuyentes de impuestos, les salvamos el pellejo, después del desfalco que muchos de ellos cometieron contra la economía.

Con razones injustificables y con el simple hecho de multiplicar sus réditos en forma rápida, las empresas financieras han estado incrementando los intereses de las tarjetas, algunas veces por errores involuntarios del usuario.

Personas que han tenido muy buenos historiales crediticios han visto aumentar sus tases de interés de la noche a la mañana.  Por ejemplo, a una persona (que yo conozco) que es usuario de una tarjeta de crédito de Washington Mutual, (ahora Chase Bank) le subieron de 13% a 30% debido a que se retrazó unos días en el pago de su cuenta mínima.  A la empresa no le importó escuchar que el bill se había extraviado y que nunca llegó a su domicilio.  Esta persona estaba dispuesta a pagar la penalidad por la tardanza ($39), pero solicitaba que su tasa de interés vuelva a su porcentaje anterior.

Lo triste de estas experiencias es que no existe una vía de comunicación transparente y directa con personas especializadas y profesionales que solucionen el conflicto.  Cuando se pone en contacto a través del teléfono, la persona encargada de “servicio al cliente” normalmente nos habla de otro lugar del mundo.  Hay veces son de Filipinas y otras veces de la India.  Esta gente raras veces tiene la cultura se servir en forma profesional ni tampoco tienen el poder de resolver un conflicto.

Ante esta situación desesperante, muchas personas (yo me incluyo) han resuelto no comunicarse con estas empresas.  Están saldando sus cuentas; le están diciendo no al abuso, a la deslealtad y a la falta de cordura de los banqueros.

Por otra parte, al crear oficinas subsidiarias en otros países y ofrecer servicio en nuestro mercado, estas empresas están –de alguna forma u otra— evadiendo impuestos.  En este sentido, el presidente Obama anunció recientemente que iba a poner restricciones serias a las empresas que no cumplen con el fisco.

Ante el caudal de problemas que la gente común y corriente batalla día a día, el abuso de las entidades financieras debe ser sancionado.  Si el gobierno no tiene las ganas ni la energía para hacerlo, usted dígale no más a las tarjetas de crédito.  Rómpalas y pague “cash”.

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